Eduardo Protto... En derredor de lo cotidiano
Encontrarás aquí, algunas reflexiones, que ponen en foco los altibajos de esa navegación cotidiana que llamamos VIDA...
viernes, 4 de diciembre de 2015
jueves, 12 de febrero de 2015
LA BALSA DE LA MEDUSA
La balsa de la Medusa es una obra maestra
del pintor francés Théodore Géricault. La pintura, terminada cuando el artista
tenía menos de 30 años, se convirtió en un ícono del Romanticismo francés.
Ella
representa una escena posterior al naufragio de la fragata de la marina
francesa Méduse, que encalló frente a
la costa de Mauritania el 5 de julio de 1816. Al menos 147 personas quedaron a
la deriva en una balsa construida apresuradamente y todas ellas, excepto 15,
murieron durante los 13 días que tardaron en ser rescatadas. Los supervivientes
debieron soportar el hambre, la deshidratación, el canibalismo y la locura. El
suceso llegó a ser un escándalo internacional, en parte porque sus causas
fueron atribuidas a la incompetencia del capitán francés que actuaba bajo la
autoridad de la reciente y restaurada monarquía francesa.
Según el
crítico Jonathan Miles, la balsa arrastró a los supervivientes hacia las
fronteras de la experiencia humana. Desquiciados, sedientos y hambrientos, asesinaron
a los amotinados, comieron de sus compañeros muertos y mataron a los más
débiles.
Si algún
compatriota razonable observara este óleo en el museo del Louvre, no
sorprendería que la asociara a la imagen final del régimen Kirchnerista.
Náufragos desorientados
por la impericia del mando, envilecidos por el ejercicio de la corrupción y la alienación
autoritaria, tanto CFK y su gabinete de genuflexos como la mano de obra
aplaudidora, desocupada a futuro, boyan
a la deriva en un mar de tribulaciones. Carentes de timón firme, emiten a voces
opiniones a cuál de ellas más desmesuradas o lastimosas. Sus imprecaciones
salpican a medio mundo al que imaginan culpable de sus males, mientras se enlodan
y marchan hacia el ocaso, donde los aguarda el desdoro irrevocable de la
historia y el unánime desprecio de la sociedad productiva y democrática.
Corifeos
de esa tragedia son los liliputienses del Partido Justicialista, principales
enterradores del Peronismo del último Perón, por los consabidos treinta
dineros. Todos ellos ínfimos candidatos al canibalismo electoral y al deshonor
vitalicio.
Nada les importa la muerte Nissman y el desasosiego de toda
una sociedad, atravesada por la inseguridad, la injusticia, la inflación, el
atraso y la incertidumbre. Nada les importa la decadencia centenaria del país
mientras engorden sus billeteras. Nada les importa haber utilizado a los espías
de la SIDE para aniquilar opositores. Aprendices de Himmler recitan su credo: La crueldad impone respeto.
Disfrazados de héroes, hundidos en el fangal de sus fines
inconfesables, gritan y bailan en el patio de las palmeras de la Casa Rosada,
devenida patético símil de la pintura de Gericault, transmitida por cadena
nacional.
jueves, 13 de noviembre de 2014
CUENTOS COMPLETOS de Eduardo Protto
La segunda edición de mis cuentos completos
se vende y distribuye a nivel mundial en Lulu.com.
y también en BUBOK.es
LA MISIÓN ROSETA
La misión Roseta de la Agencia Espacial Europea (AES)
proporcionará interesantes detalles sobre esos vagabundos celestes, que llamamos
cometas, dicen que son los cuerpos más antiguos del universo, metafóricas semillas
cósmicas de polvo y hielo primordial, que al parecer transportan parte de los
elementos iniciales de la vida, tal como nosotros la conocemos.
Al cabo de una travesía interplanetaria de 10 años,
recorriendo 6500 millones kilómetros, el módulo envió una sonda que se posó
sobre el áspero pedrusco y transmitirá
valiosos datos a la tierra.
Pero acaso la información más valiosa que se desprenda del artefacto
corresponderá al ámbito de la política, en el sentido griego, que la entendía como aquello relativo al ordenamiento de la
ciudad o los asuntos del ciudadano. Ahí radica su ejemplaridad.
Si pensamos que hace menos de siete décadas Europa era un
territorio devastado por dos guerras espantosas, que en la feroz matanza de
unos contra otros segaron la vida de decenas de millones de seres, arrasando ciudades
enteras y con ellas, los bienes morales y materiales de una vieja civilización,
sembrando por añadidura odio y miseria inenarrables, concluimos que hubo
sociedades
que emergieron de ese infierno, reconstruyeron sus valores
morales a la par que lo hacían con los bienes materiales.
Si bien no lograron
reproducir el paraíso, se hermanaron en políticas comunes que pacificaron el
continente y aportaron prosperidad y educación donde antes sólo había
desolación.
En esos términos, la sonda Roseta evidencia lo mejor del
espíritu humano.
Nosotros, los argentinos, que hace un siglo nos ubicábamos entre
los 10 países más prósperos del mundo, no hemos cesado de malearnos en una
decadencia que excede el orden económico y contamina también los espacios
morales, sociales y políticos del país.
Deberíamos aprender de la experiencia de los otros,
descender de nuestra estúpida soberbia y educarnos de modo tal, que pudiéramos
elegir un modo de vida sustentado por valores diferentes a estos que nos condujeron
al penoso estado en el que hoy nos encontramos.
Sin haber padecido el espanto de dos guerras mundiales,
estamos inmersos en un sumidero de inseguridad, corrupción, inequidad y
subdesarrollo. Orgullosos, exponemos la segunda inflación más alta del planeta
y una clase política irresponsable y mediocre, mandada a mandar por electores carentes de principios cívicos.
Así estamos, aunque el relato de necios para necios nos diga
lo contrario.
El módulo Roseta no solo transmite datos científicos.
También transmite la esperanza de un mundo mejor, toda vez que en sus valores
primen la reflexión, la honestidad y la cooperación.
viernes, 2 de marzo de 2012
FÁBULAS Y MORALEJAS
Hubo un
país en el cual la mayoría de sus habitantes vivían despreocupados de la
realidad circundante, apenas distraídos ante los abalorios recién adquiridos.
En la abundancia de sus días feriados, paseaban, se dopaban con fútbol para todos, alardeaban con alguna consigna ideológica y hacían caso omiso de la
corrupción, del enriquecimiento ilícito y de la ineptitud de sus gobernantes.
Escuchaban
adormilados el relato fantasioso que de lo cotidiano les hacían, ensombreciendo
una realidad miserable, apenas disimulada por el maquillaje de políticas impuras,
esparcidas aquí y allá a modo de subsidios y que dejaban al pasar jugosas
coimas, que volaban hacia arriba o abajo.No tenían ganas de pensar en la abominable educación de sus hijos, que los condenaba a una insuficiente preparación para hacerlos libres y afrontar los desafíos del mañana. Tampoco les quitaba el sueño la salud pública paupérrima, que no acertaba en evitar muertes ni sufrimientos evitables, o la justicia envilecida, agudamente atravesada por los bichos grandes que no por los más chicos, o las políticas económicas que no advendrían en tiempos felices.
A veces salían de su letargo por alguna noticia trágica, que los conmovía por un instante brevísimo, para luego regresar a su sueño vitalicio. Ejercían una asombrosa filosofía que los llevaba a preferir la excusa a la crítica, la farsa y la astracanada a la reflexión moral. Vivían un eterno carnaval. En sus altares les rezaban a algunos muertos más que a otros. Desconsideraban a aquellos que perdían la vida en las calles, en las rutas o en los rieles, sin alcanzar la categoría de quienes a hierro mataron y murieron al margen de la ley: Viles asesinos disfrazados de próceres.
La historia ha olvidado para siempre el nombre y la geografía de aquel pueblo indolente, aunque es probable que algún día lejano se recupere su memoria y ella sirva de lección y escarmiento a las generaciones por venir.
martes, 6 de diciembre de 2011
FIN DE FIESTA
Hay tres clases de mentiras:
La mentira, la maldita mentira y las estadísticas.
Mark Twain
Basado en una novela de Beatriz Guido, Leopoldo Torre Nilsson filmó en 1960 su célebre película, Fin de Fiesta. Su argumento central transcurre en los años 30, durante la denominada década infame: El nieto de un caudillo político conservador de la Provincia de Buenos Aires se meterá en los asuntos de su abuelo y descubrirá un mundo de corrupción.
Cualquier similitud del pasado y el presente es pura coincidencia.
Pero la mentira populista de prosperidad para todos, fundada en el saqueo de las arcas del estado, operado desde la maquinaria del poder político y las finanzas, en el así denominado capitalismo de amigos, en sintonía con la nefasta cultura del progreso sin trabajo, alentada por los subsidios indiscriminados, cuyo propósito inconfesable no ha sido otro que el de aumentar el clientelismo electoral, ha sido una matriz de corrupción constante en los últimos años.
He allí la diferencia abismal entre un régimen populista y otro popular, ya que lo popular resulta de ayudar al pueblo de forma definitiva, enseñándole a pescar y no regalándole el pescado.
El argentino, pueblo por naturaleza propenso a imitar al avestruz, suele agachar la cabeza, máxime cuando alguna prebenda está en juego. Así hemos visto, quienes mucho hemos vivido, como sectores mayoritarios han votado y alabado a políticos abominables, a los que luego escarnecieron. El deterioro y el daño que ello ocasionó en el tejido social y económico son inefables. Así, la miseria, la desocupación, la inseguridad, la ilusión de prosperidad emanada del consumo banal, supletorio del ahorro, base de la verdadera prosperidad, emergen y nos señalan, mal que nos pese, que la fiesta ha concluido.
En psiquiatría se denomina esquizofrenia a un grupo de enfermedades mentales que se caracterizan por una disociación específica de las funciones psíquicas, un desdoblamiento de la personalidad y las alucinaciones.
Bien dicen que la política es una sórdida lucha de intereses, disfrazada de cristalina lucha de principios.
Se advierte en gran parte de la dirigencia y en multitud de ciudadanos, cierta actitud ambivalente. Los unos mienten y se enriquecen y los otros votan pensando en la satisfacción efímera del presente, sacrificando el futuro de todos. Y así de a poco, nos vamos quedando sin país y sin porvenir.
Semejante desatino se edulcora con el relato oficial, según el cual los que mandan se desvelan pensando en el bien común, en la patria y en los eufemismos con que adornan una realidad ominosa. Para subrayar ese fraude no faltan los oportunistas de siempre que sobreactúan la farsa desde pretendidos revisionismos históricos con forma de instituto.
Las sociedades como el pescado se pudren por la cabeza. Por ello, hasta que no surja una clase dirigente patriótica, incorrupta y visionaria, los argentinos, como dicen los jóvenes: Estamos en el horno.
viernes, 4 de noviembre de 2011
EL ADIVINO DE PARIS
EL ADIVINO DE PARIS
Sulla fisionomia e sulla chiromanzia non mi dilungherò,
perché in loro non c'è verità (...).
Tu troverai grandissimi eserciti morti in una medesima ora di coltello,
e nessun segno della mano è simile l'uno all'altro".
Leonardo da Vinci
Solía contar Talleyrand, ex obispo de Autun y eximio diplomático francés, que diás después del golpe del 18 Brumario del año VIII, vale decir el 9 de Noviembre de 1799, según el almanaque de Gregorio XIII, Louis Antoine Fauvelet de Bourrienne, por esos tiempos secretario privado del Primer Cónsul, le presentó a quien luego sería el amo de Europa, al Gran Maestro en Artes Adivinatorias Lucio Planco, como le placía hacerse llamar, no sin agregar que descendía de aquel otro Lucio Munacio Planco, lugarteniente de César, fundador de Lyon y cónsul romano en 42 a.C.
Lo precedía una reputación de asertivo en las cuestiones de lo que vendrá. Pero, no es novedad reconocer que todas las reputaciones, sean estas buenas o malas, provocan en el prójimo un porcentual semejante de rechazos y simpatías. La idolatría y el escarnio corren parejos. Eso sucedía con Lucio a medida que su fama se expandía en ambas márgenes del Sena. Quienes lo conocieron, tuvieron en torno a su persona opiniones encontradas: Así Armand de Coulaincourt, por entonces Ayuda de Campo del Primer Cónsul no vaciló en calificarlo de farsante, en tanto que Germaine Necker, mas conocida como Madame de Staël, lo consideraba un prodigio. Todo indicaría que Lucio Planco atravesaba estas críticas con olímpica indiferencia.
Los testimonios son unánimes: El inescrupuloso Bourrienne le había tomado simpatía al arúspice venido de provincias y acaso, considerándolo útil a sus propósitos, casi siempre inconfesables, le pidió que indagara el porvenir de su poderoso patrón.
Es sabido que somos reacios a considerar el presente como lo único cierto de nuestras ínfimas existencias. El pasado con sus nostalgias y el futuro con sus acechanzas nos provocan no pocas inquietudes. Para amenguar esa perplejidad, la humanidad produjo, en los últimos milenios, abundantes adivinos, augures, arúspices, pitonisas y profetas, imbuidos por igual de presuntos poderes sobrenaturales, que les permiten avizorar el mañana, ora prefigurado en el vuelo de los pájaros, o en las vísceras de algún animal sacrificado, en las líneas de la mano, en los astros, en las figuras de la dudosa baraja y hasta en el humo, sin importar su procedencia.
Así fue que esa fría mañana de noviembre, Bourrienne introdujo al hombre de rostro jovial, de esos que siempre aparentan tener cincuenta años, pulcramente vestido con levita gris y calzas marrones, en los apartamentos reales del primer piso del Palacio de las Tullerías, ocupados por el Primer Cónsul. Quien haya visto el retrato de Sebastián Martínez, pintado por Goya, comprenderá cabalmente cual era el aspecto del recién llegado.
Apenas ingresados al gran despacho, se acercaron al escritorio, donde aquel exitoso militar de 30 años, vestido con casaca de terciopelo verde, hojeaba unos documentos.
Tras los saludos de rigor, el general lo miró de arriba abajo y le dijo:
__ Me dicen, señor, que usted es aficionado a hurgar en el porvenir.
__ Excelencia, lo mío no es afición, sino arte, o un don, si usted lo prefiere.
__ ¿Desea tomar algo, o prefiere unas hojas de laurel? __ Preguntó irónico el Primer Cónsul, quien sin duda de sus numerosas lecturas, recordaba que el trípode de la Pitonisa, en Delfos, se hallaba sobre una grieta muy profunda de la cual emanaban unos gases que le provocaban embriaguez. Además masticaba hojas de laurel, que coadyuvaban a alcanzar el estado de trance imprescindible.
__No hará falta excelencia, un vaso de Chambertin y su mano izquierda serán suficientes para vislumbrar lo que el destino medita.
Bourrienne se dirigió a un armario y sirvió una copa de vino que le acercó al iluminado. Éste la bebió lentamente y luego, mirando fijamente al general, le dijo:
__ Hay un párrafo de Nostradamus que he estudiado y desearía confirmar si es coincidente con las líneas de su mano.
__ ¿A que se refiere? __ Indagó el Primer Cónsul.
__ Excelencia, el provenzal predijo en una de sus Centurias que:
Un emperador nacerá cerca de Italia
que al Imperio será vendido bien caro
dirán con qué gentes se une
será considerado menos príncipe que carnicero”
Bourrienne se puso serio y el corso lo miró con un dejo de escepticismo y asombro. Luego extendiendo su mano le dijo con voz imperiosa:
__ ¡Haga su trabajo!
Lucio tomó la pálida mano del general y luego de algunos minutos de minuciosa observación de la palma, declaró solemnemente:
__Excelencia, la profecía del hechicero se corresponde con lo que esta inscripto en su mano. Usted levantará un imperio, triunfará en cien batallas menos una, y finalmente morirá, invadido de tristeza, en una isla lejana.
Una corriente de aire frío pareció recorrer el despacho y envolver a los dos que lo escuchaban.
__ Bourrienne, acompaña al señor hasta la puerta. Sus presagios son pura charlatanería. El arcano, señor vidente, es insondable.__ Dijo el Primer Cónsul malhumorado.
Lucio, con un absoluto dominio de sí mismo, dijo:
__ Excelencia, no haga usted como Publio Claudio Pulcro, aquel cónsul romano que observando que las aves sagradas no habían querido comer, ordenó que las arrojasen al mar, diciendo: «Pues que beban, ya que no quieren comer». Esta impiedad generó la desgracia de su carrera política.
Dicho eso dio un paso atrás y se inclinó respetuosamente.
El general, por si acaso, guardó silencio, le dio un puñado de monedas de oro, agradeció sus vaticinios y le aseguró que su rendez vous con la muerte sería en un campo de batalla, cubierto de gloria.
Lucio se retiró complacido. Esa visita al Primer Cónsul aumentó su nombradía y le otorgó un cuarto de hora de brillo en los salones. Su paso por París quedó más o menos registrado hasta el año 1802. Frecuentó el barrio de Saint Germain, que por entonces giraba en el remolino de las mil pequeñeces, e hizo bastante dinero adivinándole la suerte a lo mejor de la antigua y de la nueva aristocracia. Luego, sin más, desapareció.
A partir de entonces, la historia le pierde el rastro. Hay quienes aseguraban que previendo los males que se cernían sobre Europa, pasó a los Estados Unidos, mas precisamente a la Louisiana, donde al parecer murió a manos de unos forajidos que lo asaltaron en la plantación que había adquirido. Otros, que pasan por mejor informados, afirmaron que se casó con una rica heredera, única hija de un proveedor del ejército Napoleónico, y que disfrutó lo mejor de sus días en un castillo, no lejos de Aix en Provence.
Sea de ello lo que fuera, ambos cumplirían el sino que tenían señalado. Sabemos que la fatalidad del Petit caporal, como lo llamaban sus soldados, no se apartó demasiado del augurio que la leyenda o la imaginación, le atribuyó a la clarividencia de Lucio Planco.
En torno a la mentira o la verdad de esos hechos, a quien esto escribe, sin originalidad, le da por pensar que, al fin y al cabo, mal que les pese a todos los agoreros que en el mundo han sido y serán, de poco sirve iluminar la sombría región del mañana, ya que, con luz o sin ella, nadie escapa al destino inexorable.
Hay una narración breve y didáctica, posiblemente extraída del Talmud de Babilonia, que con las mutaciones del caso, se repite desde hace siglos. Ese apólogo maravilloso siempre ronda en mi cabeza.
“Un discípulo del Sufi se topa con la muerte en una calleja de Bagdad. Alarmado, se aleja precipitadamente y se refugia en Samarcanda. Poco después, mientras miraba el mar por la ventana de su posada, se presenta nuevamente la parca.
__Vengo a buscarte__ Le dijo.
El hombre le respondió:
__ Huí de ti en Bagdad.
__ Es cierto. Me sorprendió verte en Bagdad, pero mi cita contigo siempre fue aquí, en Samarcanda.”
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