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martes, 6 de diciembre de 2011

FIN DE FIESTA




Hay tres clases de mentiras:
 La mentira, la maldita mentira y las estadísticas.
                                                 Mark Twain


Basado en una novela de Beatriz Guido, Leopoldo Torre Nilsson filmó en 1960 su célebre película, Fin de Fiesta. Su argumento central transcurre en los años 30, durante la denominada década infame: El nieto de un caudillo político conservador de la Provincia de Buenos Aires se meterá en los asuntos de su abuelo y descubrirá un mundo de corrupción.
Cualquier similitud del pasado y el presente es pura coincidencia.
Pero la mentira populista de prosperidad para todos, fundada en el saqueo de las arcas del estado, operado desde la maquinaria del poder político y las finanzas, en el así denominado capitalismo de amigos, en sintonía con la nefasta cultura del progreso sin trabajo, alentada por los subsidios indiscriminados, cuyo propósito inconfesable no ha sido otro que el de aumentar el clientelismo electoral, ha sido una  matriz de corrupción constante en los últimos años.
He allí la diferencia abismal entre un régimen populista y otro popular, ya que lo popular resulta de ayudar al pueblo de forma definitiva, enseñándole a pescar y no regalándole el pescado.
El argentino, pueblo por naturaleza propenso a imitar al avestruz, suele agachar la cabeza, máxime cuando alguna prebenda está en juego. Así hemos visto, quienes mucho hemos vivido, como sectores mayoritarios han votado y alabado a políticos abominables, a los que luego escarnecieron. El deterioro y el daño que ello ocasionó en el tejido social y económico son inefables. Así, la miseria, la desocupación, la inseguridad, la ilusión de prosperidad emanada del consumo banal, supletorio del ahorro, base de la verdadera prosperidad, emergen y nos señalan, mal que nos pese, que la fiesta ha concluido.
En psiquiatría se denomina esquizofrenia a un grupo de enfermedades mentales que se caracterizan por una disociación específica de las funciones psíquicas, un desdoblamiento de la personalidad y las alucinaciones.
Bien dicen que la política es una sórdida lucha de intereses, disfrazada de cristalina lucha de principios.
Se advierte en gran parte de la dirigencia y en multitud de ciudadanos, cierta actitud ambivalente. Los unos mienten y se enriquecen y los otros votan pensando en la satisfacción efímera del presente, sacrificando el futuro de todos. Y así de a poco, nos vamos quedando sin país y sin porvenir.
Semejante desatino se edulcora con el relato oficial, según el cual los que mandan se desvelan pensando en el bien común, en la patria y en los eufemismos con que adornan una realidad ominosa. Para subrayar ese fraude no faltan los oportunistas de siempre que sobreactúan la farsa desde pretendidos  revisionismos históricos con forma de instituto.
Las sociedades como el pescado se pudren por la cabeza. Por ello, hasta que no surja una clase dirigente patriótica, incorrupta y visionaria, los argentinos, como dicen los jóvenes: Estamos en el horno.






viernes, 4 de noviembre de 2011

EL ADIVINO DE PARIS



EL ADIVINO DE PARIS

Sulla fisionomia e sulla chiromanzia non mi dilungherò,
 perché in loro non c'è verità (...).
Tu troverai grandissimi eserciti morti in una medesima ora di coltello,
 e nessun segno della mano è simile l'uno all'altro".
                                                                                              Leonardo da Vinci


 Solía contar Talleyrand, ex obispo de Autun y eximio diplomático francés, que diás después del golpe del 18 Brumario del año VIII, vale decir el 9 de Noviembre de 1799, según el almanaque de Gregorio XIII, Louis Antoine Fauvelet de Bourrienne, por esos tiempos secretario privado del Primer Cónsul, le presentó a quien luego sería el amo de Europa, al Gran Maestro en Artes Adivinatorias Lucio Planco, como le placía hacerse llamar, no sin agregar que descendía de aquel otro Lucio Munacio Planco, lugarteniente de César,  fundador de Lyon y cónsul romano en 42 a.C.
Lo precedía una reputación de asertivo en las cuestiones de lo que vendrá. Pero, no es novedad reconocer que todas las reputaciones, sean estas buenas o malas, provocan en el prójimo un porcentual semejante de rechazos y simpatías. La idolatría y el escarnio corren parejos. Eso sucedía con Lucio a medida que su fama se expandía en ambas márgenes del Sena. Quienes lo conocieron, tuvieron en torno a su persona opiniones encontradas: Así Armand de Coulaincourt, por entonces Ayuda de Campo del Primer Cónsul no vaciló en calificarlo de farsante, en tanto que Germaine Necker, mas conocida como Madame de Staël, lo consideraba un prodigio. Todo indicaría que Lucio Planco atravesaba estas críticas con olímpica indiferencia.
Los testimonios son unánimes: El inescrupuloso Bourrienne le había tomado simpatía al arúspice venido de provincias y acaso, considerándolo útil a sus propósitos, casi siempre inconfesables, le pidió que indagara el porvenir de su poderoso patrón.
Es sabido que somos reacios a considerar el presente como lo único cierto de nuestras ínfimas existencias. El pasado con sus nostalgias y el futuro con sus acechanzas nos provocan no pocas inquietudes. Para amenguar esa perplejidad, la humanidad produjo, en los últimos milenios, abundantes adivinos, augures, arúspices, pitonisas y profetas, imbuidos por igual de presuntos poderes sobrenaturales, que les permiten avizorar el mañana, ora prefigurado en el vuelo de los pájaros, o en las vísceras de algún animal sacrificado, en las líneas de la mano, en los astros, en las figuras de la dudosa baraja y hasta en el humo, sin importar su procedencia.
Así fue que esa fría mañana de noviembre, Bourrienne introdujo al hombre de rostro jovial, de esos que siempre aparentan tener cincuenta años, pulcramente vestido con levita gris y calzas marrones, en  los apartamentos reales del primer piso del Palacio de las Tullerías, ocupados por el Primer Cónsul. Quien haya visto el retrato de Sebastián Martínez, pintado por Goya, comprenderá cabalmente cual era el aspecto del recién llegado.
Apenas ingresados al gran despacho, se acercaron al escritorio, donde aquel exitoso militar de 30 años, vestido con casaca de terciopelo verde, hojeaba unos documentos.
Tras los saludos de rigor, el general lo miró de arriba abajo y le dijo:
__ Me dicen, señor, que usted es aficionado a hurgar en el porvenir.
__ Excelencia, lo mío no es afición, sino arte, o un don, si usted lo prefiere.
__  ¿Desea tomar algo, o prefiere unas hojas de laurel? __ Preguntó irónico el Primer Cónsul, quien sin duda de sus numerosas lecturas, recordaba que el trípode de la Pitonisa, en Delfos, se hallaba sobre una grieta muy profunda de la cual emanaban unos gases que  le provocaban embriaguez. Además masticaba hojas de laurel, que coadyuvaban a alcanzar el estado de trance imprescindible.
__No hará falta excelencia, un vaso de Chambertin y su mano izquierda serán suficientes para vislumbrar lo que el destino medita.
Bourrienne se dirigió a un armario y sirvió una copa de vino que le acercó al iluminado. Éste la bebió lentamente y luego, mirando fijamente al general, le dijo:
__ Hay un párrafo de Nostradamus que he estudiado y desearía confirmar si es coincidente con las líneas de su mano.
__ ¿A que se refiere? __ Indagó el Primer Cónsul.
__  Excelencia, el provenzal predijo en una de sus Centurias que:

Un emperador nacerá cerca de Italia
 que al Imperio será vendido bien caro
 dirán con qué gentes se une
 será considerado menos príncipe que carnicero”

Bourrienne se puso serio y el corso lo miró con un dejo de escepticismo y asombro. Luego extendiendo su mano le dijo con voz imperiosa:
__ ¡Haga su trabajo!
Lucio tomó la pálida mano del general y luego de algunos minutos  de minuciosa observación de la palma, declaró solemnemente:
__Excelencia, la profecía del hechicero se corresponde con lo que esta inscripto en su mano. Usted levantará un imperio, triunfará en cien batallas menos una, y finalmente morirá, invadido de tristeza, en una isla lejana.
Una corriente de aire frío pareció recorrer el despacho y envolver a los dos que lo escuchaban.
__ Bourrienne, acompaña al señor hasta la puerta. Sus presagios son pura charlatanería. El arcano, señor vidente, es insondable.__ Dijo el Primer Cónsul malhumorado.
Lucio, con un absoluto dominio de sí mismo, dijo:
__ Excelencia, no haga usted como Publio Claudio Pulcro, aquel cónsul romano que observando que las aves sagradas no habían querido comer, ordenó que las arrojasen al mar, diciendo: «Pues que beban, ya que no quieren comer». Esta impiedad generó la desgracia de su carrera política.
Dicho eso dio un paso atrás y se inclinó respetuosamente.
El general, por si acaso, guardó silencio, le dio un puñado de monedas de oro, agradeció sus vaticinios y le aseguró que su rendez vous con la muerte sería en un campo de batalla, cubierto de gloria.
Lucio se retiró complacido. Esa visita al Primer Cónsul aumentó su nombradía y le otorgó un cuarto de hora de brillo en los salones. Su  paso por París quedó más o menos registrado hasta el año 1802. Frecuentó el barrio de Saint Germain, que por entonces giraba en el remolino de las mil pequeñeces, e hizo bastante dinero adivinándole la suerte a lo mejor de la antigua y de la nueva aristocracia. Luego, sin más, desapareció.
A partir de entonces, la historia le pierde el rastro. Hay quienes aseguraban que previendo los males que se cernían sobre Europa, pasó a los Estados Unidos, mas precisamente a la Louisiana, donde al parecer murió a manos de unos forajidos que lo asaltaron en la plantación que había adquirido. Otros, que pasan por mejor informados, afirmaron que se casó con una rica heredera, única hija de un proveedor del ejército Napoleónico, y que disfrutó lo mejor de sus días en un castillo, no lejos de Aix  en Provence.
Sea de ello lo que fuera, ambos cumplirían el sino que tenían señalado. Sabemos que la fatalidad del Petit caporal, como lo llamaban sus soldados, no se apartó demasiado del augurio que la leyenda o la imaginación, le atribuyó a la clarividencia de Lucio Planco.
En torno a la mentira o la verdad de esos hechos, a quien esto escribe, sin originalidad, le da por pensar que, al fin y al cabo,  mal que les pese a todos los agoreros que en el mundo han sido y serán, de poco sirve iluminar la sombría región del mañana, ya que, con luz o sin ella, nadie escapa al destino inexorable.
Hay una narración breve y didáctica, posiblemente extraída del Talmud de Babilonia, que con las mutaciones del caso, se repite desde hace siglos. Ese apólogo maravilloso siempre ronda en mi cabeza.

 Un discípulo del Sufi se topa con la muerte en una calleja de Bagdad. Alarmado, se aleja precipitadamente y se refugia en Samarcanda. Poco después, mientras miraba el mar por la ventana de su posada, se presenta nuevamente la parca.
__Vengo a buscarte__  Le dijo.
El hombre le respondió:
__ Huí de ti en Bagdad.
__ Es cierto. Me sorprendió verte en Bagdad, pero mi cita contigo siempre fue aquí, en Samarcanda.”

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lunes, 18 de julio de 2011

LA REVOLUCIÓN IMAGINARIA


Siempre es apropiado aclarar los términos con que alguien significa algo. Así cuando hablamos de revolución establecemos que las revoluciones son los cambios o transformaciones radicales, profundas, respecto al pasado inmediato. Son consecuencia de procesos históricos y de construcciones colectivas. Para que una revolución exista es necesario que haya una razón para la nueva unión de intereses comunes o utopía, frente a las viejas ligazones sociales. La revolución siempre se efectúa con el propósito de combatir una injusticia, y como existen diferentes injusticias también existen diferentes tipos de revoluciones.
Por otra parte, entendemos por imaginario todo aquello que no es real y sólo existe en la imaginación.
De aquí en más, cuando, en estos tiempos que corren, oímos hablar de revolución, inmediatamente afinamos el oído, porque si hay algo de lo que nuestra historia carece es de revoluciones, expresadas en plural.
Excluyendo la Revolución de Mayo de 1810, que estableció un cambio profundo con el pasado, al romper los lazos con España y comenzar la guerra de la Independencia, el resto, llámese del Parque, del Treinta, Libertadora, Argentina o Proceso de Reconstrucción Nacional, han sido meros golpes de estado, rupturas del orden constitucional, inspiradas en intereses de círculo, harto egoístas para hablar de construcciones colectivas, como la definición exige.
Capítulo aparte le corresponde a la revolución imaginaria que alegan los acólitos de ese metabolito político denominado Kirchnerismo, y que según ellos arrancaría con la violencia armada de los Montoneros y otras bandas criminales, en la década del setenta, y que concluye con el advenimiento del finado Kirchner y su cónyuge a la presidencia de la  nación.
A la luz de la historia y de los hechos presentes, esta seudo revolución solo existe en algunos caletres alucinados, habida cuenta que alzarse en armas contra el gobierno Peronista en los años setenta. o mancillar las instituciones de la república, dilapidar de modo corrupto los dineros del estado, incrementar la inseguridad, la inflación, la desocupación, la pobreza, hacer del autoritarismo, la prepotencia y la mentira un método, del chantaje y la coacción una escuela, y de la falluta defensa de dudosos derechos humanos, un pingüe negocio para los Schocklender, Bonafini y quien sabe cuantos inescrupulosos más, aquí y ahora, en este siglo XXI, no constituye una revolución, sino sencillamente una asociación ilícita para conquistar un poder duradero que haga de la República Argentina una republiqueta deleznable.
Corren tiempos de definiciones históricas, sociales y políticas. Son tiempos de llamar a las cosas por su nombre. El que roba es un ladrón, quien miente, corrompe y divide al pueblo argentino es un mal gobernante, y quienes se oponen a ellos, son patriotas.
Al que le quepa el sayo, que se lo ponga…

miércoles, 29 de junio de 2011

EL MANIQUEISMO ANACRÓNICO DEL KIRCHNERISMO


Los libros, tal como yo los he escrito,
nunca antes habían sido escritos o revelados.
Manes (Kephalaia, c. 154).
                                                                           

Maniqueísmo es el nombre por el cual se conoce a la religión fundada por el sabio persa Manes en el siglo III, quien creía ser el último de los profetas enviados por Dios a la humanidad.
Los maniqueos eran dualistas, es decir, creían que había una eterna lucha entre dos principios opuestos e irreductibles, el Bien y el Mal, que eran asociados a la Luz y a las Tinieblas.
En la práctica,  negaban la responsabilidad humana por los males cometidos, al creer que no son producto de la libre voluntad, sino del dominio del mal sobre nuestra vida. El maniqueísmo se concebía, desde sus orígenes, como la fe definitiva que invalidaba a todas las demás.
Agustín, luego de ser designado obispo de Hipona, sostuvo tres grandes controversias.
Contra los donatistas, quienes afirmaban que la iglesia católica había dejado de ser la iglesia de Cristo.
Contra los pelagianos, que sobrestimaban el poder de la voluntad humana, con omisión de la gracia para la salvación.
Por último, la controversia referida a la naturaleza  del mal contra los maniqueos, a partir de la cual elaboró su doctrina liber arbitrio.
Según Agustín, los hombres tienen la capacidad de obrar mal o bien gracias al libre albedrío, al contrario del dualismo maniqueo, que afirmaba que el interior del hombre era un campo de batalla para los principios cósmicos del bien y del mal, entreverados en lucha perpetua y de cuyo resultado dependía el obrar del hombre.
Esos problemas, que la filosofía resolvió hace siglos, en Argentina (país cuyo rasgo más notorio es la capacidad de sus dirigentes para reinventar lo ya inventado y empezar todo de nuevo) siguen vigentes. La anacrónica doctrina de los maniqueos fue exhumada por el último metabolito del proceso político nacional, el Kirchnerismo, y ejercida por sus adalides a lo largo del territorio.
Este producto político imaginario y su nefasto modelo real, al cabo de 8 años de praxis han llegado al punto de ebullición, pero pretenden continuarlo por un nuevo período presidencial y acaso lo consigan, si la masa de votantes, en uso de su liber arbitrio, lo permite.
En tal caso, continuará este relato histórico aberrante en el cual sus guionistas, siguiendo a pie juntillas la doctrina de Manes, dividen a los actores sociales en Los Buenos, es decir los Kirchneristas, disfrazados de revolucionarios setentistas y agrupados en una comparsa de mercenarios de variado linaje (camaleones, arribistas, militantes de la Cámpora y otras especies menores) cuyo denominador común es la corrupción y el revisionismo histórico falluto, enfrentados en lucha heroica con Los Malos, es decir los sectores productivos de la sociedad, las malditas corporaciones y la ciudadanía silenciosa que cree en una comunidad organizada, con orden y con progreso real, en lugar del así denominado progresismo, que consiste en repudiar las normas de convivencia, en fomentar falsas antinomias y en vaciar las arcas del estado en beneficio de un puñado de inescrupulosos clones de Schoklender y Bonafini, que se regodean haciendo de las suyas.
Y como telón de fondo, el cambalache de siempre: La miseria, la desocupación,  la prepotencia, la inflación, la educación defectuosa, la inseguridad,  la droga, el presupuesto arbitrario, los subsidios irracionales y la fantasía de que con ellos (Los K) en el gobierno, seguimos siendo el mejor país del mundo.
Y que siga el corso, con los ojos en la nuca...




lunes, 9 de mayo de 2011

OJO POR OJO


A la luz de los hechos sangrientos desencadenados por los marines norteamericanos en suelo Pakistaní, al asesinar a Osama Bin Laden,  nos vienen a la memoria las antiguas leyes de Hamurabi  y de Talión, bien expresadas en la piedra, en el Levítico bíblico y en el Corán  Todas instituían el mandato de vida por vida, ojo por ojo, mano por mano, pie por pie, herida por herida. Situada en su contexto, la terrible fórmula resulta ser tan sólo el testimonio conservado de uno de los primeros frenos aplicados al impulso humano de la venganza
Al rey babilónico Hammurabi (1728 -1686 AC) se le conoce por el Código que lleva su nombre, tallado en un bloque de piedra de unos 2,50 m de altura por 1,90 m de base y colocado en el templo de Sippar. Era su propósito homogeneizar jurídicamente el reino y la vida cotidiana de su pueblo.
La ley de Talión no remite a ningún rey ni dios, sino al adjetivo latino talis-tale, que significa «igual» o «semejante», y hace referencia a la proporción que deben guardar el delito y la pena.
Los crímenes de Bin Laden son inexpiables, y merecía el fin que tuvo. Pero ese fin nos lleva a preguntarnos que tanto ha evolucionado la sociedad humana en la resolución de sus conflictos. La respuesta puede ser frustrante para los optimistas.
No soy de los que practican un indiscriminado antinorteamericanismo, pero tampoco admiro todo lo que hacen. Parafraseando a alguien, el norteamericano me gusta, pero en su tierra. Cuando sale de ella, nos ha dado muestras de una brutalidad imperial impar, por la cual le robó la mitad de su territorio a México, las islas de Hawai a los maoríes con su reina e inundó de trapacerías la América Latina. De ello guardamos memoria. De su colaboración con los ingleses en Malvinas también. Venganza y Codicia son dos valores centrales en el gran país del norte.
Sin embargo es bueno intentar comprender estos procesos desde diversos puntos de vista para no caer en fanatismos maniqueos.
Erich From decía “La venganza es en cierto sentido un acto mágico: al aniquilar a quien cometió la atrocidad se deshace mágicamente su acción”. No estaba errado el psicoanalista de Frankfurt al agregar “[…] Aunque el hombre no siempre se puede defender del daño que le infligen, en su deseo de desquite trata de borrar la página y de negar mágicamente que se haya infligido el daño alguna vez.
La acción de los comandos de USA se inscribe en ese marco del ojo por ojo. Sin duda los festejos de ese pueblo por la muerte del terrorista muestran la pretensión de dar vuelta la página y superar el horror que despertó el atentado de las torres gemelas ordenado por el árabe.
Pero olvidan los norteamericanos que la violencia engendra violencia. Es en su pasado violento que los norteamericanos deberán indagar algún día la causa de sus males y sus bienes. La diferencia entre lo justo y lo legal.
Cuando el criminal nazi Eichmann fue secuestrado en Argentina, donde vivía con identidad falsa, se lo llevó a Israel donde se lo enjuició, resultando aquella acción mucho más civilizada que la ejecución sumaria de Bin Laden, pero en ambos casos expresan el recóndito impulso que anida en el alma humana de clamar venganza, reiniciando de tal modo el ciclo ominoso de la barbarie.

sábado, 7 de mayo de 2011

EL DESAFIO INMINENTE

                                                                       
Para que el modelo kirchnerista funcione bien, necesitará una clase de individuos que cooperen dócilmente y que  en grupos cada vez más numerosos, crean a pie juntillas en sus promesas.
A los marginados, a los carenciados de todo bien, a los que sean capaces de cooperar con sus punteros y se movilicen a los actos de apoyo masivo, les aguardará el siempre magro subsidio, que jamás alterará la miseria estructural y la exclusión en que viven.
Ser o no ser ciudadanos. Esa será la decisión que  deberán tomar las clases bajas.
Otra decisión trascendente será también la de aquellas clases a quienes no les va del todo mal o a quienes les va sencillamente bien. A esos sectores más afortunados los K les vaticinan muchos feriados, un consumo en aumento y una felicidad sostenida. Solo deberán procurar que sus gustos, tanto políticos como materiales estén estandarizados y puedan ser fácilmente influidos y anticipados.  Y por si acaso, que no miren demasiado a su alrededor. Se podrían sentir inseguros.
Advertimos que este tipo ideal de sociedad, necesitará miembros que se perciban imaginariamente como libres o independientes, sin sometimiento a ninguna autoridad, principio o conciencia moral y que, no obstante, estén dispuestos a ser mandados, a hacer lo previsto, encajando sin roces en la seudo progresista máquina K.
Todos esos hombres y mujeres, útiles al modelo de Cristina y sus acólitos, deberán ser susceptibles de una guía sin fuerza y una conducción sin argumentos sólidos, impulsados sin meta patriótica alguna, con el solo propósito de continuar los movimientos circulares y de cuando en vez avanzar un poquito, tal como los autómatas.
Pero, ¡Ay! Lastima grande. No todo serán rosas en ese paraíso oficial. El almanaque se deshoja invariablemente y estos sujetos automatizados se enfrentarán, más temprano que tarde, a una situación peligrosa. Su hoy cómodo status y su pax K se deteriorarán, su inteligencia decrecerá y el entretenimiento banal de los discursos no les dará sabiduría para salir del pantano. Mal que les pese, a la vuelta de la esquina está el porvenir, y de persistir el aislacionismo internacional, la desinversión y la inflación galopante, habrá problemas. Lo real, lo que se observa para quienes pueden abrir los ojos, es que la dependencia fiscal ante los precios internacionales de la soja, la educación pública raquítica, los avatares de una economía cortoplacista, de réditos inmediatos sin metas estratégicas, auguran una tormenta perfecta, que puede arrasar a esta sociedad anómica, desnortada, carente de valores y normas de convivencia, donde el delito, la droga y la impunidad imperan, las instituciones se degradan y las dirigencias corrompidas se enriquecen.
He ahí un pronóstico político probable que se puede entrever a partir de las promesas y los proyectos proclamados para el próximo cuatrienio kirchnerista.
De no surgir una oposición patriótica, limpia, decidida a conquistar un poder republicano, capaz de sacar a la argentina de esta decadencia insoportable, estamos todos en el horno, como dicen los jóvenes de hoy en día.
Ese es el desafío inminente.

viernes, 29 de abril de 2011

ARGENTINA O LA EXTINCIÓN DE LOS LIDERAZGOS



La argentina se encuentra atravesada por una crisis global que incluye rupturas y disfunciones profundas en el campo de la economía, la educación y el orden republicano.
Mal andan las cosas cuando se miente con las estadísticas, se oculta la inflación o se alteran los ciclos productivos por trabas diversas, desalentando la inversión local o extranjera, o bien se desalienta el ahorro y la iniciativa privada, motor de la economía moderna, generadora de empleos y progreso. El subsidio indiscriminado, el capitalismo de amigos del poder y el enriquecimiento ilícito de las cúpulas son plagas endémicas desde hace largo tiempo.
Peor andan cuando no se educa cívicamente al soberano, o por el contrario, cuando se lo malforma al estimularlo con derechos, sin la enseñanza de sus complementarios deberes. El raquitismo de la escuela pública es acaso la más patética de las lacras de los modelos populistas. Le prometen de todo al pueblo y le niegan el arma principal para la lucha por la vida: La educación.
El colapso final se percibe cuando la ley se infringe impunemente, ya sea por la infame modalidad del piquete, que al cortar calles o rutas impide la libre circulación ciudadana, o por la nociva costumbre de los funcionarios que desoyen los mandatos de la justicia, por citar dos ejemplos entre muchos. La usurpación de propiedades o de espacios públicos son comportamientos colectivos que nos acercan a la barbarie tan temida. Ante tales hechos, el estado ausente, desertor de sus deberes, expande la mediocridad de los que mandan y de quienes obedecen. La demagogia resulta entonces un fatídico instrumento y el debilitamiento del tejido social su propósito inconfesable.
Alguien dijo que los pueblos, como el pescado, se pudren por la cabeza. Tenía razón.
Ingresamos al siglo XXI con una notoria ausencia de líderes sociales lúcidos, honrados y con ideas políticas realistas. Esa es, acaso, la causa primigenia de nuestros males.