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sábado, 7 de mayo de 2011

EL DESAFIO INMINENTE

                                                                       
Para que el modelo kirchnerista funcione bien, necesitará una clase de individuos que cooperen dócilmente y que  en grupos cada vez más numerosos, crean a pie juntillas en sus promesas.
A los marginados, a los carenciados de todo bien, a los que sean capaces de cooperar con sus punteros y se movilicen a los actos de apoyo masivo, les aguardará el siempre magro subsidio, que jamás alterará la miseria estructural y la exclusión en que viven.
Ser o no ser ciudadanos. Esa será la decisión que  deberán tomar las clases bajas.
Otra decisión trascendente será también la de aquellas clases a quienes no les va del todo mal o a quienes les va sencillamente bien. A esos sectores más afortunados los K les vaticinan muchos feriados, un consumo en aumento y una felicidad sostenida. Solo deberán procurar que sus gustos, tanto políticos como materiales estén estandarizados y puedan ser fácilmente influidos y anticipados.  Y por si acaso, que no miren demasiado a su alrededor. Se podrían sentir inseguros.
Advertimos que este tipo ideal de sociedad, necesitará miembros que se perciban imaginariamente como libres o independientes, sin sometimiento a ninguna autoridad, principio o conciencia moral y que, no obstante, estén dispuestos a ser mandados, a hacer lo previsto, encajando sin roces en la seudo progresista máquina K.
Todos esos hombres y mujeres, útiles al modelo de Cristina y sus acólitos, deberán ser susceptibles de una guía sin fuerza y una conducción sin argumentos sólidos, impulsados sin meta patriótica alguna, con el solo propósito de continuar los movimientos circulares y de cuando en vez avanzar un poquito, tal como los autómatas.
Pero, ¡Ay! Lastima grande. No todo serán rosas en ese paraíso oficial. El almanaque se deshoja invariablemente y estos sujetos automatizados se enfrentarán, más temprano que tarde, a una situación peligrosa. Su hoy cómodo status y su pax K se deteriorarán, su inteligencia decrecerá y el entretenimiento banal de los discursos no les dará sabiduría para salir del pantano. Mal que les pese, a la vuelta de la esquina está el porvenir, y de persistir el aislacionismo internacional, la desinversión y la inflación galopante, habrá problemas. Lo real, lo que se observa para quienes pueden abrir los ojos, es que la dependencia fiscal ante los precios internacionales de la soja, la educación pública raquítica, los avatares de una economía cortoplacista, de réditos inmediatos sin metas estratégicas, auguran una tormenta perfecta, que puede arrasar a esta sociedad anómica, desnortada, carente de valores y normas de convivencia, donde el delito, la droga y la impunidad imperan, las instituciones se degradan y las dirigencias corrompidas se enriquecen.
He ahí un pronóstico político probable que se puede entrever a partir de las promesas y los proyectos proclamados para el próximo cuatrienio kirchnerista.
De no surgir una oposición patriótica, limpia, decidida a conquistar un poder republicano, capaz de sacar a la argentina de esta decadencia insoportable, estamos todos en el horno, como dicen los jóvenes de hoy en día.
Ese es el desafío inminente.

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